Comprendamos la importancia de la imagen que presentamos ante Dios y la Iglesia
Transcurría el mes séptimo. Era un día sin igual en Israel. Todos los ancianos de Israel, reunidos por el rey Salomón, también los príncipes de las 12 tribus, los jefes de las familias... todos los principales del Pueblo estaban reunidos en Jerusalén para celebrar la dedicación del hermoso templo dedicado a la Gloria de Dios.
Y los miembros santificados de la familia de Leví, reconocidos como sacerdotes por el Pueblo, tomaron el arca del pacto de Jehová. Y con sumo respeto y reverencia, tomaron también los utensilios del santuario del Tabernáculo de Reunión trasladándolos en medio de una algarabía y gozo sin igual hasta ese entonces.
Momentos después llegaron al nuevo templo, una vez allí, metieron el Arca del Pacto entre los querubines que quedaron extendiendo sus alas sobre ella.
Pero no todos los levitas trasladaban el arca, pues, había sacerdotes dedicados para toda actividad, pues el culto a Dios requería mucho orden, de tal manera que, llevando a cabo este culto, nada se saliera de su orden.
Los levitas cantores, bajo la coordinación de los directores Asaf Hemán y Jedutún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino estaban con címbalos, salterios y arpas al oriente del altar y, además ciento veinte sacerdotes mas que tocaban las trompetas.
Juntamente con el sonido de las trompetas, aumentaba la fuerza de la voz de todos los cantores que se encontraban allí, unidos como un solo hombre daban la gloria a Dios y engrandecían su misericordia.
Después de que el Siervo de Dios Salomón terminó su discurso de dedicación del Templo, un fuego llegó del cielo y consumió los holocaustos, la Gloria de Dios cubrió el templo con una nube y los levitas no podían ministrar a causa de tanta gloria.
¡¡Que hermoso debió haber sido ese día!!... imaginamos todas las escenas como si hubiésemos estado allí, llenos de gozo y alegría, frente al Templo que Salomón edificó para la Gloria de Dios.
Y no nos es difícil, porque nosotros hemos visto varias veces si no es que muchas, esas escenas tan llenas de gloria y majestuosidad, cuando podemos contemplar al Siervo de Dios de nuestros días y sentir en nuestro corazón como se va llenado de esa nube espiritual que es la presencia de Dios dentro de nosotros.
Bien, pero vamos al grano.
Cierto es que ya no somos el Pueblo de Israel material, aquel con una raza determinada y leyes escritas en tablas de piedra. (2ª de Corintios 3:3) Somos ahora un Pueblo especial reunido de varios pueblos de la Tierra, que juntos, formamos hoy el Pueblo Santo de Dios, el Israel Espiritual, pues aquello pasado solo era sombra de lo que hoy por Gracia de Dios disfrutamos ser.
Muchas cosas han cambiado, en el nuevo Pacto de nuestro Dios, por el cual Cristo tuvo que morir una vez para siempre por nosotros. Entre esas cosas que han cambiado está la forma de adorar, misma que expondremos en otro artículo.
Hoy, a semejanza de aquel pueblo material, somos nosotros, aquellos que formamos el coro de la Iglesia, los levitas espirituales. ¿Cómo es esto? Bien, todos aquellos que hemos recibido la bendición de formar el coro de la Iglesia, somos los encargados de elevar a nuestro Dios alabanzas y cánticos espirituales que perfuman su rostro. Porque eso era lo que hacía un grupo de levitas en la casa de Dios que el Siervo de Dios Salomón edificó para gloria de Jehová.
En aquel tiempo, narran las escrituras, sus vestiduras eran de lino fino, e inclusive, dice que hasta sus calzoncillos eran de una tela especial y ordenada por Dios. Y su consagración y dedicación a Dios, superaba la de el pueblo en general, porque eran claramente "apartados" para el servicio santo.
También narran las escrituras que los levitas no podían entrar y salir del santuario a la hora que lo desearen para alabar a Dios, sino que deberían esperar "sus turnos" tal como lo dice en 1ª de Crónicas 25, pues había un completo orden en el servicio divino.
Si nosotros hemos llegado a la comprensión de que somos, como en muchas ocasiones el Apóstol nos ha dicho: "sois los levitas espirituales", hemos de comentar un poco lo que esto significa.
Un grupo apartado para el servicio de Dios, un grupo que le cantará con especial esmero y dedicación, un grupo que pondrá un poco de más esfuerzo en lo que se le ha encomendado, la alabanza a Dios.
Sin embargo, no es, como algunos llegaran a pensar, un trabajo que se puede hacer a la manera de cada quien, sino que, se debe hacer como todo en el cristianismo, a la forma en que Dios quiere que seamos, por ejemplo, Nadab y Abiu, hijos de Aarón, quisieron, ofrendar un perfume que a ellos les pareció bien, pero que sin embargo no era el que Dios había dispuesto para esos menesteres, esa es la diferencia entre el cristiano que ha entendido lo que Dios quiere para cada uno y a qué se llama Cristiano y qué se hace un Dios de acuerdo a su forma de pensar, de ser y de sentir.
Entonces, hemos de servir a Dios, como Él desea, porque en ese servicio se halla el aprendizaje que nos llevará a ser mejores hijos, a ser mejores cristianos, a adquirir la fe y las cualidades que nos darán bajo la practica de ellas, un vida eterna en los cielos.
Nuestro trabajo coral es importante. ES SAGRADO.
Por ello, debemos mostrar de acuerdo a la medida de nuestra fe, un amor especial en lo que nos ha tocado hacer en la Iglesia.
El coro es lo primero que las miradas ven los días de servicio y dominicales, así como días especiales, velorios, bautismos, veladas, y fiestas cristianas en los templos o fuera de ellos. Por ello, es necesario que demos especial cuidado a que nos veamos limpios, impecables y de buena apariencia, algunos dirán, "pero eso no es lo que importa, lo que importa es lo de adentro", sin embargo ¿cómo es posible que prediquemos a aquellos que dicen que la honestidad de la mujer se lleva dentro, que se refleja esa misma honestidad con el atavió, si no lo ponemos por obra mayormente en los templos?
Algunos otros dirán, "pero yo no tengo los medios". Bien, en nuestra Iglesia no se nos obliga a nada, pero sí se nos da la doctrina necesaria, para que lleguemos a ser lo que Dios quiere de nosotros. Los uniformes no dependen de la economía de cada quien, sino de la fe. ¿Por qué decimos esto? Porque, hemos tenido la oportunidad de conocer innumerables hermanos, mayormente hermanas que aman su vocación y, que gracias a la fe inquebrantable que tienen en sus corazones, Dios les recompensa dándoles los medios necesarios para servirle.
Si nosotros, dice el Señor, "sabemos dar buenas dadivas a nuestro hijos"... ¿cuánto mas nuestro padre celestial?... entonces, ya no es cuestión de economía, sino de fe. Esa fe que mueve montañas, esa fe que sobrepasa las pruebas, esa fe como la de los siervos de Dios que confían en Dios y que no ven nada imposible.
Y si Dios nos da aquello que no es relacionado con su servicio ¿cuánto mas no nos dará aquello que nos acerca mas a su lado y que tiene que ver directamente con nuestra salvación?
También habrá quien diga... "debemos consagrarnos mejor antes que vestir..." Es cierto, muy cierto, pero también dice la escritura, esto era necesario hacer, "sin dejar de hacer lo otro" ¿a qué vamos con esto?. Bueno, a que, debemos poner cuidado en las cosas espirituales, pero sin dejar las materiales .
El uniforme es parte de nuestra disciplina coral. En muchos templos y en la mayoría de los coros, hallamos miembros que no están dispuestos y que se acostumbran a no comprar sus uniformes, algunos por una causa y otros por otra, el caso y resultado es que, los coros no se uniforman y no se ven homogéneos, y esto no sirve para dar la gloria a Dios, ni es lo que aprendimos de la doctrina que hemos recibido.
La mayoría de nuestros hermanos hacen un sacrificio y se esfuerzan, se limitan en algunas cosas para adquirir sus uniformes, por ello, aquellos que no ponemos interés en hacerlo, estamos menospreciando su sacrificio, pues ellos lo hacen con el mejor deseo de que el coro de vea bien, que luzca bonito y precisamente, es el resultado de un buen sentir que viene del corazón.
Es bueno entonces, que aquellos hermanos que no se sienten motivados a tener uniformes, lo sean por los que si la tienen, y aquellos que insisten en no tenerlos, de alguna manera también sean motivados a abandonar el coro, ya que, ellos sirven de tristeza y desanimo para quienes sí lo hacen. Igual, aquellos que son fieles, pero que definitivamente su economía no le alcanza, sus hermanos fieles del coro y con más posibilidades económicas, pueden mostrar genuino amor cristiano cooperando para proveerle de su uniforme, que como miembro fiel se lo tiene bien ganado, Santiago 2:16. Siempre que éste sea fiel. Y todo esto, bajo la armonía del amor cristiano que debe prevalecer en todo coro de la Iglesia del Señor.
Esto funciona, claro, si los directores y ministros encargados de los uniformes tienen el cuidado de no pedir uniformes que sean exageradamente costosos, pues, lo importante es la uniformidad no el costo de una tela o velo, aunque el uniforme coral es una disciplina, mas importante aun, es la calidad coral que se manifiesta en muchos aspectos, por ello, aunque tengamos un uniforme costoso, este no lucirá, si las interpretaciones no son espirituales, si la voz no sale del corazón, si sumado a esto el coro no sabe cantar, no sabe levantarse y menos aún si no muestra disciplina en las presentaciones.
Nosotros mismos debemos valorar este ministerio y vocación que efectuamos. Porque de esa manera estamos contribuyendo a que Dios sea glorificado en todos y por todos.
Corbatas iguales, velos iguales, color de ropa igual, eso se llama uniforme, y es lo que nos hace falta practicar, para dar mayor realce a la hermosa labor que realizamos.
Así que, hermanos míos, pongamos manos a la obra, y los directores, siempre llenos de amor, a nuestros compañeros (que no a nuestros subordinados) motivémoslos a usar y a adquirir un uniforme aunque sea básico, blanco y negro, pero que levante nuestra imagen , no para gloria nuestra, sino aun más, para la Gloria de Jesucristo. Sumado a una disciplina a bien ejecutada, dará resultado y fruto agradable .
Y no sólo es obligación de aquellos que participamos en las santas cenas, porque esa fiesta es una vez al año. Sino, con mas interés en nuestra iglesia, puesto que allí es donde efectuamos mas seguido nuestra vocación.
Si las condiciones nos son favorables, promovamos la adquisición de nuevos uniformes mas elegantes y hermosos, y así, sumado a una espiritual consagración y bellos cantos, diremos como dijeron los levitas que nos antecedieron:
"porque Él es bueno, porque su misericordia es para siempre..."